| Mucho
escuchamos decir que la Etiqueta y Protocolo son solamente
formas elitistas y complicadas, que su principal motivo,
causa y función es la de evidenciar la “Clase
Social” a la que se pertenece. No comparto esta
voz popular, estoy convencida de que la educación,
el respeto y la consideración no son cuestión
de “dinero”, también es cierto que
apegarse (respetar) a esta serie de reglas y valores
no se dan por herencia genética o instinto, idealmente
empiezan en la cuna.
Si bien es cierto que la etiqueta no tiene la intención
de “evidenciar” clase social, sí
muestra el grado de educación de las personas.
Todos poseemos una personalidad, la cual puede ser
positiva y adecuada o negativa e inadecuada. Con nuestra
forma de maquillarnos, vestirnos y comportarnos podemos
transmitir mucho sin necesidad de emitir una sola palabra
(lenguaje no verbal).
Un ejemplo sería el uso que a estos tres elementos
se les da en el cine, teatro, televisión etc.
Una actriz tiene su propia personalidad pero puede caracterizar
a una madre abnegada, mujer sumisa, ejecutiva, empleada
doméstica o a una mujer que trabaja en cabaret,
para ello requiere de maquillaje, vestuario y comportamiento
adecuado a cada personaje.
Este era un tema exclusivo o reservado a ciertos niveles
sociales y económicos, sin embargo, todas
necesitamos de estos conocimientos para convivir dentro
de un marco de consideración y respeto.
Son muchos años impartiendo este curso y sigo
observando asombro entre las participantes (en su mayoría
profesionistas) al descubrir cuántos errores
han cometido y qué importante ha sido para su
desarrollo profesional este conocimiento a partir de
haber tomado el curso.
Me siento muy contenta de los logros que como Instituto
de Personalidad se han logrado. Sé que aún
falta mucho, agradezco a las participantes que con sus
comentarios, experiencias y logros, nos animan a seguir
adelante con esta NUESTRA MISIÓN.
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